África quebrada


 

Se puede efectuar un balance claro de África desde los años setenta: las independencias no han concretado la esperanzas que portaban. La dependencia de las grandes potencias extranjeras sigue siendo fuerte y las verdaderas palancas de mando están francamente fuera del alcance de los pueblos africanos. A pesar de la impotencia crónica relacionada con una flagrante falta de medios y las divisiones internas reales, la organización de la unidad africana (OUA), agrupamiento de los estados africanos lanzado en mayo de 1963, con sede en Addis Abeba (Etiopia), elaboró en 1980 el Plan de Lagos, que intentaba poner remedio a las numerosas dificultades encontradas. Fruto de reflexiones y de competencias africanas, al contrario de tantos otros planes impuestos a África hasta esta fecha, trataba de promover un desarrollo regional.

El G7, el FMI, y el Banco Mundial hicieron todo lo posible bajo mano para torpedearlo, y lo lograron: el plan no se aplicará nunca. En su lugar, se impone a los países africanos, desde los años ochenta, programas de ajuste estructural (PAE) cada vez que a las frágiles economías africanas le surgen dificultades de pago. Según las instituciones financieras internacionales, el objetivo de estos PAE es “sanear” la economía de los países afectados.

La lógica de la dominación de las grandes potencias occidentales, que predominó durante los años siniestros de la colonización, y anteriormente la esclavitud, perdura después de la independencia. Muy a menudo el cambio principal consistió en la sustitución de un gobernador blanco por un jefe de estado de origen africano, más o menos condescendiente….Esto demuestra innegablemente que la lectura geográfica de las relaciones norte–sur no puede ser la buena. El verdadero corte esta mas bien entre los que se benefician del sistema dominante y los que lo sufren, entre opresores y oprimidos.
 En realidad, al final de los años setenta, las grandes potencias financieras, públicas o privadas, lograron, montar un mecanismo invisible y sutil que ejercería en su lugar, y menos ostensiblemente, la dominación que quieren perpetuar. La deuda es el núcleo de esta nueva colonización. La independencia, finalmente, no fue más que un engaño. El nudo corredizo de la deuda esta en el cuello de las naciones y de los pueblos africanos.

Tras este análisis concluimos que existen grandes dificultades y obstáculos para cumplir tanto con la DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS (del 10 de diciembre de 1948) como con la DECLARACIÓN DEL MILENIO (resolución aprobada en Asamblea General de las Naciones Unidas el 13 de septiembre de 2000), pliegos ambos, que recogen los derechos y las necesidades más fundamentales y que todavía en el siglo XXI es papel mojado para algunos gobiernos y pueblos de este planeta.

Lenke contribuye al desarrollo del continente negro colaborando con instituciones y organizaciones sociales. Pero, ¿que conocemos de positivo del continente africano?
Para aprender a ayudar a alguien primero hay que conocerlo y después respetarlo. Por eso Lenke se preocupa por difundir y crear conciencia de África y sus culturas ricas en valores.

 

 



LENKE
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       ya oigo
    los tambores en la lejanía
    África está en pié
    como un sueño evocando
    el tam tam
    grabado a fuego latido
    de nuestra madre

    M.